Biogás

La experiencia de generar energía aprovechando la basura orgánica de pequeños distritos podría ser el puntapié inicial de una red de municipios verdes en Argentina. Por ahora, pequeñas localidades del país buscan resolver el destino de sus residuos produciendo energía limpia y económica.

En Argentina, con 40 millones de habitantes, funcionan apenas entre 70 y 100 biodigestores. Pero, a diferencia de ciudades europeas que han adoptado esta tecnología, en esta región el potencial de materia orgánica es muy grande.

Para Jorge Cappato, el biogás “es un fenómeno sorprendente que se agudizó en los dos últimos años”. El director general de la organización Proteger, dijo que en el tema de los residuos orgánicos «está todo por hacerse”.

Según Cappato, los residuos municipales suelen quemarse o depositarse en basurales a cielo abierto. En el mejor de los casos, van a rellenos sanitarios, un método destinado a que no se filtre contaminación al suelo y el agua subterránea, pero que tiene riesgos y es costoso.

Biogestores

Según el ingeniero Leonardo Genero, coordinador del Programa sobre Tecnología Socialmente Apropiada de Proteger, los biodigestores se pueden construir para una casa particular, una escuela, un barrio o un establecimiento agropecuario. “Es una de las pocas tecnologías que sirven para mitigar el cambio climático porque no emite nada de gases de efecto invernadero”.

El biodigestor es un recinto sin oxígeno donde se colocan residuos orgánicos (desechos vegetales y estiércol) para que bacterias anaerobias se alimenten de la materia y produzcan gas metano y fertilizantes ricos en nitrógeno, fósforo y potasio. “El biogás se utiliza para cocinar, para la calefacción y para producir electricidad”, explicó a Genero.

Experiencias

La bióloga Viviana Granados, del municipio Malvinas Argentinas (Buenos Aires), logró construir un biodigestor en la granja zoológico Yku-Huasi de la ciudad Ingeniero Pablo Nogués. “Buscábamos soluciones ambientales a los residuos sólidos urbanos”, relató. Se inició entonces la separación en origen de la basura, y se diseñó un biodigestor para el zoológico.

“La idea era calefaccionar el recinto de las boas, que necesitan calor», dijo Granados. Como materia orgánica se emplea «el estiércol de vacas de la misma granja”.

El pequeño reactor, para el que se usó una vieja caldera con capacidad de 2.000 litros, requiere una carga diaria de 50 litros de estiércol. La calidad del gas que produce “es excelente”, dijo la bióloga. “Una llama totalmente azul, con buena cantidad de metano».

Pero este esfuerzo no ha derivado en un plan mayor para procesar todos los residuos de Ingeniero Pablo Nogués, que tiene 320.000 habitantes.

De todos modos, apuntó Cappato, hay “un cambio de mentalidad”.

El abono resultante se emplea en huertas y viveros municipales. Y se crea conciencia sobre la necesidad de las reservas naturales para el ecoturismo, para crear “empleos verdes” o valorar especies autóctonas para el arbolado público, describió.

“Los dirigentes políticos se motivan mucho y estamos pensando en lanzar una red de municipios amigables con el ambiente, que cumplan con ciertos requisitos, compromisos y presupuestos”, adelantó. (Fuente: Marcela Valente / Tierramérica)