El bosque y Vairoleto

“Habías leyes para tantas cosas, pero no para proteger el monte”, decía el bandolero romántico Juan Bautista Vairoleto, según el relato del historiador Hugo Chumbita.
“En los montes que se extendían entre Victorica y Castex, parte de la franja boscosa que atravesaba el Territorio, vivía la gente que no tenía lugar en los pueblos ni en las colonias. Por ahí, en algún sitio que ya nadie recordaba con certeza, estuvo el centro del señorío ranquel y, según decían, las almas de los guerreros insepultos deambulaban aún pidiendo venganza.
Donde subsistía el bosque original, enormes caldenes centenarios alzaban sus brazos retorcidos como si clamaran al cielo. En otros tramos, los árboles mayores habían sido talados y crecían los renuevos entre el fachinal.
La madera de caldén, dura como piedra, se utilizaba más que nada para leña, aunque también se sacaban postes durmientes. Abundaban los obrajes, se limpiaban terrenos para cultivar y se criaba hacienda. Así que uno podía encontrase en el monte con toda clase de trabajadores, vagabundos y fantasmas.
Éste era para Juan un medio familiar, en el que se había adentrado muchas veces desde la época de los arreos con su padrino Francisco Alcante.
Con él había aprendido a elegir los frutos dulces del piquillín, a buscar las lagunas de los bajos y a encontrar agua de lluvia en ciertos huecos de los troncos de los caldenales. Daba pena ver el destrozo que hacían las hachadas, sin que nadie pusiera límites. Su padre, don Vittorio, contaba que en Italia a los bosques los cuidaban como a un tesoro, pero acá… ¡Cristo, Madonna! Durante la guerra del 14, por la carestía del carbón mineral, las locomotoras de los trenes ingleses se alimentaron a leña, y la extracción del caldén adquirió desde entonces un ritmo vertiginoso. Los contratistas entregaban al ferrocarril miles de toneladas por semana, cientos de miles por mes, millones por año: las cifras se tornaban inconcebibles. Había leyes para tantas cosas, pero no para proteger el monte.»
(«Ultima Frontera – Vairoleto: vida y leyenda de un bandolero” – Hugo Chumbita – Ed. Planeta)