Lagartos cálidos

¿Qué sucede con los lagartos endémicos de la Reserva “La Payunia” (Mendoza)? Un informe del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) detalla cómo los especialistas preservan a estas especies nativa del sur de esa provincial argentina.

Frente al notorio aumento del calentamiento global, las investigaciones científicas cobran mayor importancia día a día. Especialistas de diferentes áreas intercambian conocimientos con múltiples enfoques y a distintos niveles, con el propósito de diseñar tácticas de manejo destinadas a la protección de aquellas especies que se verían afectadas negativamente por las variaciones en la temperatura del planeta.

“¿Qué pasa con el hábitat de los lagartos que viven juntos compartiendo un ecosistema árido como La Payunia en Mendoza? ¿Las variaciones de temperatura los afectan? ¿Existen herramientas tecnológicas que nos ayuden a evaluar potenciales cambios en el comportamiento y la distribución de estos reptiles? ¿Qué importancia tiene la difusión de estos conocimientos científicos para el manejo de nuestra fauna y para la sociedad en general?”, son algunas de las preguntas que pueden leerse en el informe de CONICET.

Ante estas cuestiones, especialistas del Grupo de Investigaciones de la Biodiversidad del Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas, en colaboración con el Dr. Michael Kearney, especialista en ecofisiología evolutiva y cambio climático de la Universidad de Melbourne-Australia-, están analizando la biología térmica de dos especies endémicas de La Payunia, el Lagarto cola de piche de Roig (Phymaturus roigorum) y el Lagarto cola piche de la Payunia (Phymaturus payuniae).

A través de observaciones realizadas en el campo intentan predecir los patrones de actividad de estos reptiles en función al paisaje térmico que ofrecen determinados promontorios rocosos de esa reserva provincial.

Los lagartos, dice el informe, a menudo se basan en el “comportamiento de termorregulación” (por ejemplo, moverse alternadamente de un lugar con sol a una con sombra) para mantener la temperatura del cuerpo más o menos constante. O sea, la antigua creencia de que los reptiles son animales de “sangre fría” es solo un mito: las distintas especies pueden alcanzar temperaturas internas comprendidas entre 20 y más de 35°C, y mantenerlas dentro de un rango apropiado para el funcionamiento general del organismo.

Al estudiar las temperaturas preferidas a las cuales el funcionamiento del cuerpo del lagarto es óptimo, los especialistas pueden localizar lugares en los que esos registros térmicos estén presentes en el ambiente.

Según lo observado, los especialistas pudieron constatar que las dos especies de lagartos, viviendo juntas, presentan un “efectivo ajuste en el uso de los hábitats en función a la temperatura que éstos presentan, evitando solaparse en el uso de microhábitats y, en consecuencia, salvando una posible competencia por el uso del espacio”.

Estos hallazgos tienen implicancias ecológicas relevantes para entender la interacción entre las especies y eventuales modificaciones del ambiente derivadas de aumentos de la temperatura, así como la capacidad que puedan tener estas especies para adaptarse a esos cambios.

“Descubrir las respuestas a estos tipos de preguntas ecológicas es esencial para diseñar planes de manejo destinados a la conservación de especies afectadas en mayor o menor medida por el cambio climático”, especifican los investigadores.

Al conocer los requerimientos biológicos, fisiológicos, ecológicos y de uso de hábitat se pueden realizar gestiones específicas y efectivas de preservación. Para realizar estas tareas los científicos utilizan herramientas tecnológicas, software, datos climáticos, multimedia y sus estrategias para tratar de entender no sólo los cambios en las variables climáticas (temperatura, viento, precipitaciones), sino también los límites que los organismos, especies, poblaciones, comunidades y ecosistemas pueden soportar sin llegar a la extinción, frente al avance de la acción antrópica y la globalización.