Decisiones peligrosas

La reapertura de una ruta brasilera pone en peligro el ecosistema del Parque Nacional Iguazú.
Así se abre un nuevo conflicto entre ecologistas, que defienden esta maravilla mundial, y autoridades de Brasil que defienden intereses privados.
Varias organizaciones ambientalistas piden ayuda a la Unesco para evitar la reapertura del “Caminho do Colono”, una carretera del sur de Brasil que atraviesa el Parque Nacional Iguazú, designado Patrimonio Mundial Natural en 1986.
Esta ruta se mantuvo cerrada desde hace más de una década en el sureño estado de Paraná, pero puede reabrirse si se aprueba un proyecto de ley que está a estudio del Senado, tras ser aprobado apenas por una comisión de la Cámara de Diputados.
La carretera de 18 kilómetros existe desde 1925, cuando las comunidades locales la utilizaban como camino informal y para el transporte de yerba mate extraída de la región. En 2001 el gobierno determinó que se clausurara definitivamente.
El Parque Nacional se ubica en el extremo oeste de Paraná, a 17 kilómetros del centro de la ciudad de Foz do Iguaçu y cerca de la triple frontera con Argentina y Paraguay. El lugar alberga las Cataratas del Iguazú, cuya belleza les valió la inclusión en la lista de las Siete Maravillas de la Naturaleza elaborada por la fundación suiza New7Wonders.
Legisladores de la zona presentaron varios proyectos de ley para la reapertura del Caminho do Colono. Uno de ellos, el PL 7.123/2010, redactado por el diputado federal Assis do Couto, del gobernante Partido de los Trabajadores, puede ser aprobado este mes por el Senado.
El objetivo es estimular el turismo y la educación ambiental y evitar que los turistas tengan que pasar por Argentina para llegar a las cataratas, dijo Couto a Tierramérica.
La inminencia legislativa llevó a unas 1.000 entidades brasileñas a solicitar por carta a la Unesco que intervenga para evitar que la carretera se reabra.
“El autor del proyecto y sus defensores apuntan que la carretera promoverá la preservación, la educación ambiental y el desarrollo sostenible regional, en tanto están ampliamente registrados y comprendidos los impactos de las carreteras en áreas protegidas. Los datos históricos no muestran ningún efecto positivo del Caminho do Colono en la economía local, regional, estadual o nacional”, señala la carta.
El diputado Couto asevera que su proyecto prevé el control del tránsito por el lugar y prohíbe el paso de camiones.
“La vía no podrá ser asfaltada ni pavimentada para evitar la impermeabilización del suelo. Los automóviles no podrán circular de noche. Aparte, la apertura de la carretera representa una mayor presencia del Estado, lo que va a inhibir la actual extracción ilegal de palmito. La policía ha encontrado hasta campamentos de palmiteros en el área”, agregó.
Según Couto, el camino beneficiará a las comunidades locales, aunque el argumento no convence al jefe del área de conservación y manejo del parque, el biólogo Apolonio Rodrigues.
“La carretera no es relevante si se considera el flujo de producción y la red vial de la región. Solo se la ve como un atajo que reduce la distancia para las personas que van de sur a norte, y a las que les gustaría acortar camino por dentro del parque», dijo Rodrigues.
«Si consideramos la importancia del parque para la humanidad, no se justifica la apertura de la carretera para favorecer a un grupo pequeño de personas”, añadió.
La carretera fragmentaría el ecosistema, planteó. «Aparte, puede ser una puerta de entrada de especies exóticas y su uso puede degradar con sedimentos los cursos de agua», advirtió.
Otro problema que destacan las organizaciones contrarias al camino es el peligro que entrañaría para los jaguares, una especie cuya población ya se redujo en 90 por ciento.
Los críticos del proyecto sostienen que la insistencia responde al interés de productores locales de soja, que tendrían un camino más corto para transportar su mercadería.
La carretera requiere reformar la Ley del Sistema Nacional de Unidades de Conservación, para incluir el concepto de carretera-parque, un precedente para la apertura indiscriminada de rutas en zonas protegidas, advirtieron los firmantes de la carta a la Unesco, que todavía no se ha pronunciado.